
Y sí.
Fué el agotamiento
del discurso
el exceso de compromisos
que te persiguen
La monotonía de dos horas
un día por semana
Y sí.
Fueron también
la pérdida de mis fantasías
la ausencia de novedades
el desperdicio de miradas
el desgaste de intensidad
el engaño de las palabras
La certeza de tus movimientos
y tus miradas
los que provocaron el
cansancio.
Pero agradezco
los miles de segundos
en que vacíe
mi tedío
en tí.
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